3/8/11

El impaciente francés

Desorientado, mal dormido y un tanto intranquilo. Así estaba el joven redactor de Los Tilingos cuando tuvo que volver a su trabajo después de su imprevisto despido. El propio jefe le abrió las puertas de su polvorienta oficina y se encargó de romper el hielo:

- Bueno, hijo ¿cómo estuvieron esas vacaciones?
- ¿Vacaciones? Usted me echó a patadas como un perro... me dijo que recoja las cosas de mi escritorio y me fuera.
- Me parece que entendiste mal...
- No lo creo, jefe. Usted mismo me abrió la puerta de salida y me gritó "¡¡¡No vuelvas más, fracasado!!!" Encima después publicó mi nota sin avisarme.
- No, no puede ser. Pará, si yo mismo te eché, ¿cómo es que volviste?
- Usted me llamó. Fue anoche, tipo 3 de la mañana y medio en pedo, le patinaban las consonantes...
- ¿"Fracasado" dije? ¿ésa palabra tan fea usé?
- Sí, volví llorando a mi casa...
- No, no, no fue todo un acting. Nadie puede ser un fracasado con tu corta edad, esperemos dos o tres años más y vemos... andá a tomarte un café con el resto de los muchachos y reflexioná acerca de lo que pasó.

A la hora del receso, todos los miembros de la redacción de Los Tilingos se encontraban en el patio charlando y dándole un descanso a la rutina. Mientras tanto, el jefe se paseaba sigiloso por la vacía sala de redacción buscando alguna pista.  Se lo veía nervioso, transpirado, con la camisa desarreglada. De repente ¡eureka! un bollo de papel sobre el escritorio de (¡oh, casualidad!) su empleado otrora despedido. Volvió caminando a su oficina, abrió el arrugado papel y pensó
"Este fracasado siempre me salva, todavía no sé porqué lo maltrato"

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"Un día dije basta y así fue. No hay demasiadas explicaciones de por qué me vine de Europa", ése es el testimonio sincero de Pascal Benitez. Ingeniero, 42 años, nacido en Francia y viviendo en el país desde 2005.
Pascal no es un inmigrante más, sus lazos con la Argentina son evidentes. Nació en la pequeña ciudad de Lorient, en la costa noroccidental del territorio galo. Fue el único fruto del amor de la francesa Marianne Audard con el investigador argentino exiliado Ceferino Benitez, quién falleció cuando Pascal apenas tenía 2 años. A pesar de no tener recuerdo alguno de su padre, Pascal creció construyendo un vínculo muy fuerte con el terruño de Ceferino. Estudio, aprendió y se instruyó en el idioma español. Usaba modismos argentinos para ampliar su léxico, siempre de la mano de Marianne, quién apoyaba a su hijo como una forma de rendir tributo a su marido. La mamá de Pascal era una enamorada de nuestra lengua y le inculcó esa dedicación al muchacho, que con quince años ya era bilingúe.
Los años posteriores serían muy cambiantes en la vida de Pascal, alternando buenas noticias y malos tragos. A los 16 años pudo conocer la Argentina, visitó la familia de Ceferino y así ver de cerca todos esos paisajes que tanto le relataban sus padres. A los 24 años se recibió de ingeniero con un desempeño asombroso y el mejor de los conceptos por parte de su academia. Cosechó tantos elogios que no tardó en conseguir empleo en una fábrica de autopartes de la región.
El pasaje más oscuro de su vida lo vivió cuatro años más tarde con el fallecimiento de su madre, tras batallar con una severa enfermedad. El masazo fue evidente. Se iba todo lo que más quería en el mundo y su único lazo sanguíneo cercano. Lo asimiló como pudo. Con dolor, pero con entereza y responsabilidad. Agachó la cabeza y siguió adelante.
"Me habían hablado tanto de la Argentina qye no pensaba en otro país para vivir que no sea éste", relata Benitez en su perfecto castellano. "Tengo un trabajo parecido al que tenía en Lorient, ahora con oficina propia, pero gano prácticamente lo mismo", detalla.



- ¿Extrañás?
- Ahora "se dio la vuelta de", ¿cómo se dice? "la torta dio de la vuelta.." ¿cómo es?
- ¿"Se dio vuelta la torta"?
- Sí, sí. Así es. Se dio vuelta la torta. Yo cuando vivía en Lorient hablaba todo el tiempo de la Argentina. Ahora que estoy acá, me he vuelto un fanático de todo lo que sea de mi país.

La postura del buen Pascal podía parecer extraña, pero es más que entendible. La distancia con su Patria le reavivó sentimientos de pertinencia que durante muchos años estuvieron relegados. El problema radica en que su forma de expresarlos es cada vez más demostrativa y tendiente a la violencia explícita. Un hombre que siempre fue prudente y mesurado, hoy se ha convertido en un pendenciero que causa destrozos ante cada reproche o desacierto a algo relacionado con su país.
Trazando un paralelismo con la ganadora del Óscar a Mejor Película de 1996, los especialistas encontraron una antítesis en el caso de Pascal y lo llamaron "El impaciente francés".
"No creo ser un fanático, no me gustan los estereotipos", sostiene Pascal mientras acomoda su boina y su remera a rayas azules y blancas frente al espejo. A pesar de que lo niega terminantemente, es asombroso como Benitez se ha convertido en un defensor acérrimo del acervo cultural de origen galo.
Su nueva y peligrosa forma de conducta lo convirtió en todo un personaje en la ciudad.
El primer simbronazo lo tuvo un año después de su llegada al país. Luego de ver la final del mundial de Alemania 2006, un ofuscadísimo Pascal salió a la calle a despejar la mente e intentar olvidar la derrota por penales ante Italia. Algunos transeuntes lo reconocieron y le lanzaron un par de cargadas. Benitez emuló a Zineldine Zidane y le propinó sendos cabezazos a cada uno de ellos. Una rutina que repitió sin razón alguna en seis bares, dos escuelas, tres CPC y -como era de esperar- en el Círculo de Amigos de la Fraternidad Italiana. "Es normal, ¿vos no reaccionarías así? Además, Zizou es un ídolo"
Se sabe que Pascal habla y comprende el castellano a la perfección, por lo que el idioma no es una barrera a la hora de querer propinarle una broma. Su nueva faceta francófila lo convirtió en un obsesivo de su lengua y su cultura, celoso de todo aquel que -a su criterio- se burle o vaya en contra de sus normas. Dicha premisa se dio una mañana cuando fue a al taller a retirar su auto en reparaciones.

"Aaaahhhhh, vo´ debe´ se´ el franchute del Shenol 19 bordós"

Ésas fueron las últimas palabras del mecánico que recibió el coche de Pascal. Al escucharlo, el galo le incrustó una tijera en el abdomen del encargado y luego con una sierra le cortó uno de sus brazos hasta dejarlo desangrarse por completo.

El amor y la obsesión por su patria ya se evidenciaban enfermizos. Se demostraban en actos pequeños como tener a La Marseillaise como ringtone de su celular o en episodios más serios, como cuando entró a una expo delicatessen e incendió siete stands con productos regionales españoles e italianos, para que no fuesen competencia de los franceses.

Quizás la compañía de una mujer pudiera aplacar los ánimos de "Pascualito" (tal como lo llamaban sus compañeros de trabajo, hasta enterarse del episodio con el mecánico). Así fue como tuvo una cita con Silvana, amiga de un ingeniero colega. La charla iba realmente bien, el lugar era sobrio y agradable. Parecía haber química entre ellos, hasta que Silvana tuvo una inoportuna ocurrencia:

"La estoy pasando tan bien, ¿no te parece que deberíamos pedirle al mozo un par de copas y una buena botella de yampaña?"

La mirada de Pascal se nubló y solo atinó a levantarse de la mesa, arrojar los platos contra el piso y salió corriendo despavorídamente del lugar. Silvana -desconsolada- llevó sus manos a la cara superada por la vergüenza.

El caso de Pascal Benitez se ha tornado bastante delicado y arroja muchas interpretaciones. Sus estadios de violencia podrían hacer pensar que se trata de una persona oscura y peligrosa. Lejos de ello, sus vecinos lo quieren, lo respetan y lo han adoptado como a uno más. Los administradores de su edificio especulaban acerca de cuál sería la conducta de "El impaciente francés" respecto a las numerosas familias de inmigrantes que conviven en el consorcio. Conjeturaban sobre posibles ataques o atentados, sobre todo por parte de Pascal. Sin embargo, el galo se encargó de aclarar que no tiene ningún problema con ésas familias de origen sudamericano. No obstante, Omar Belmonte, presidente del consorcio, se encargó de revelar una pequeña salvedad que le hizo Benitez: "Me advirtió que si llegaba a alojar a alguna familia de tunecinos, argelinos o camerunenses los iba a perseguir y echar como ratas"

La francofilia de Pascal Benitez es una situación peligrosa. Sus estados de ira latente transformaron a este personaje pintoresco en un ser celoso cargado de incoherencias, arranques psicóticos y xenófobos. Si bien él no puede manejar muchas de estos cambios, le preguntamos:
- Si tuvieras la oportunidad de volver atrás ¿qué hubieras cambiado? ¿que hubieras hecho diferente?
- No, yo no me arrepiento de nada.

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