- ¿Qué pasa que entrás a mi oficina gritando como una loca?
- Despiértese y lávese un poco la cara. Tenemos visitas...
- ¿Quién es? ¿Un vendedor? Decíle que no joda...
- No, mucho peor. Es el escribano Victor Ruchetti del Registro Nacional de Creatividad Audiovisual. Viene a hacer una inspección porque hace más de dos meses que no se publica nada en Los Tilingos.
- ¡Uy, no lo puedo creer! ¡Ofrecéle algo para que se vaya!
- Ah, gran idea, Jefe. ¿Qué puede ser? Hay un portalápices, una abrochadora, una resma a medio terminar, ¿Ud. qué me recomienda?
- Tu cuerpo, con éso seguro sale corriendo...
- No se haga el gracioso, ¿o acaso no recuerda cómo conseguí este empleo?
- Bueno, bueno. Ya hablamos suficiente de vos... Tenemos que arreglar ésto, ¿dónde está el Joven Redactor?
- Tiene franco.
- ¿Franco? Si vos sabés bien que no le doy vacaciones a nadie...
- Usted mismo se lo concedió. Instauró arbitrariamente "El Día del Joven Redactor" en compensación de la vez que le robó el auto al pibe para irse al turf.
- Ni me lo recuerdes, casi choco....
- ¿Qué hacemos, Jefe? ¡El escribano Ruchetti viene para acá con la faja de clausura en la mano!
- Se nos tiene que ocurrir algo, Nancy. ¿Donde están los mellizos, Fabían y el Topo? ellos son buenos apretando gente.
- Usted los mandó a limpiar el pozo negro de su casa. Dijo que no confía en los plomeros, gasistas, albañiles, electricistas, pintores... En fin, no confía en la gente que cobra por su trabajo...
- ¡Por Dios, Nancy! ¡Nos están por cerrar la redacción! No es hora que me recuerdes lo miserable que soy. ¡Ya lo tengo! ¡¡¡El Especial de Primavera!!!!, ¿dónde está el Especial de Primavera de Los Tilingos? ¡Con éso seguro nos salvamos!
- ¿Me está cargando, Jefe? El "Especial de Primavera", como Ud. lo llama es un rejunte pedorro de canciones y poemas choreados, tiene seis páginas y está impreso en blanco y negro. Éso de "Primavera" no tiene nada, es tristísimo.
- Bueno, algo tiene que sacarnos de este apuro. Mmmmhhhh ¡alcanzame ese buzón!. A ver, cuentas, cuentas, intimación, telegramas, más cuentas, diarios viejos... ¿Y ésto? parece una carta ¡Y está perfumada!
Querido Coronel Gerardo Montalvo
Escribo estas lineas aún sin la certeza de que lleguen a sus manos. El destino me depositó en su vida y cada día le estoy agradecido por concederme semejante oportunidad. Nuestro camino no ha sido nada sencillo, sin embargo estoy dispuesto a remover cielo y tierra para cumplir mi propósito para con Ud.
Cuando hace una semana me citó en el cuartel para charlar acerca de nuestra relación, lo interpreté como el punto de partida formal de una vida esplendorosa a su lado. No obstante, usted me vino con el cuento de que yo estaba confundido, que debía reflexionar y actuar acorde a mi puesto e investidura en el Ejército.Quiero decirle dos cosas. La primera: No le creo, sus ojos vidriosos lo delataban. La segunda: ¡El que debe reflexionar aquí es usted!
Tómese un minuto y piense...
¿Quién lo contuvo cuando lo trasladaron a Pico Truncado en pleno julio? ¿Y quién lo recibió a la vuelta, mientras su fría esposa estaba de vacaciones con ese chico que no lo quiere y dice ser su hijo? ¿Quién lo cubrió cuando tuvo ese arranque de ira y lanzó granadas en el campo de prueba? ¿Quién intercedió ante el General Marcone para que no lo sancionen?
Piense, piense, no se detenga...
¿Quién hizo un curso intensivo de dos años de cocina oriental porque oyó al pasar que le gustaba el sushi? ¿Quién cuidadosamente corta la parte de adentro del ajo para que no le haga repetir? ¿Quién modificó la milenaria receta de la tortilla española poniéndole cebolla, sólo para verlo más contento?
Haga memoria, Coronel. Es un ejercicio muy saludable.
¿Quién le descarga en Internet los capítulos de Gossip Girl y se los graba todos separaditos en DVD, porque a Ud. no le gusta sentarse en la coputadora? ¿Quién para solucionar sus problemas de espalda le compró la Smart Pillow que anuncian en la tele? ¿Quién maneja cientos de kilómetros hasta encontrar un negocio que venda Splenda, el único edulcorante que le gusta para el mate?
Como podrá apreciar, la respuesta es siempre la misma. Acá estoy. Dolido, pero no abatido. Lastimado, pero no rendido. Desde que tuve la dicha de conocerlo, todos mis pasos están planeados estratégicamente para hacerlo feliz. Ni su familia de cartón, ni mi reconocida carrera en el ámbito castrense serán obstáculos para mi causa.No voy a detenerme hasta poder repetir la experiencia de aquel 15 de julio del 2007 cuando -conmovido y con la voz quebradiza- me dijo: "¿Sabe una cosa? Usted es muy bueno conmigo."
Con el convencimiento de haber obrado correctamente, le saluda con inconmensurable afecto:
Cabo Raúl Esteban Fontana.
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