23/6/11

Andrés Labarca, un artista en el fisco

  Fue increíble la manera en la que el hijo menor de los Labarca había superado el trance de la muerte de su padre. El joven Andrés –de sólo 20 años- era un aplicadísimo alumno de artes plásticas que a cada paso daba señales de un futuro más que promisorio. Sin embargo, la dura pérdida del jefe de la familia obligó a Andrés a dar un giro considerable en su vida.

Con el fin de ayudar a su madre y tratando de auxiliar la economía familiar, Andrés Labarca abandonó sus estudios de arte y ocupó el puesto administrativo de su padre en la que hoy conocemos como AFIP. La decisión fue realmente dura para el muchacho. El cambio de hábitos y de entorno fue claramente drástico, lo cual le hizo reflexionar más de una vez sobre sus pasos.
Los primeros meses fueron un tanto traumáticos en su nuevo trabajo. No obstante, Andrés no tardó en ganarse el respeto y el cariño de sus compañeros de oficina. Su padre, Eduardo fue uno de los empleados más queridos y apreciados en la Administración, algo que indudablemente contribuyó a la adaptación de su hijo.

El joven Labarca –ya convertido en adulto- estaba cómodo con su empleo y ya estaba empezando a formar una familia. Sin embargo, tenía inconcluso un capítulo de su vida, relacionado con sus años de estudio en la escuela de arte.
Yo tengo una buena relación con mi jefe en la dependencia. Conocía muy bien a mi viejo, así que hay cierta confianza. Una mañana me le planté en la oficina con una carpeta llena de folios y le hice una propuesta.
Concretamente Andrés le presentó a su superior un “proyecto para la intervención artística para las acciones, disposiciones e instalaciones de la Administración Federal de Ingresos Públicos”, tal como figura en una de las carátulas. Aunque sonaba alocado, la intención de Andrés era plasmar su formación y conocimientos artísticos en los diferentes actos e iniciativas del fisco nacional. Sus compañeros de oficina –un poco incrédulos al principio- se terminaron enganchando con el nuevo clima de trabajo. Así lo demuestra el testimonio de Sara, una de las empleadas del lugar: Te confieso que no sé muy bien de que se trata el proyecto de Andrés, pero se labura mejor. Hay un poco de música celta de fondo, un par de sahumerios, un dispenser con té verde. Está copado.

El artista encubierto en el fisco explica las motivaciones de este ambicioso plan de trabajo: Había que cambiarle la cara a la AFIP, nuestro laburo muchas veces se volvía gris y hasta desmoralizante. Además, los muchachos de la Administración no son muy queridos en la calle, por eso decidimos imprimirle un nuevo espíritu a nuestra tarea.
El matiz artístico de Andrés cambió las intimaciones de pago, ahora vienen con un mantra en el reverso para que los contribuyentes reciten al unísono. Los formularios traen además poemas existenciales, reglas nemotécnicas para recordar las fechas de pago y cuestionarios sobre cultura oriental.
La intervención también llegó a las calles. Desde hace unos meses, el proyecto de Andrés cuenta con la colaboración de diferentes elencos para situaciones especiales. Tal es el caso grupo de parkour de Barrio Empalme “New Kids of the Empalm”, que realizó una performance que acaparó la atención de la gente mientras se realizaba la confiscación de bienes de una familia de la zona. Estas instancias extremas eran bastante traumáticas para nosotros. Hoy el arte nos ayudó a enfrentarlas con otra cara, revela el encumbrado oficinista. La semana pasada Andrés pasó por una situación similar. Ante la orden de desalojar una vivienda de morosos, Labarca invitó a sus ocupantes a la reproducción de una rutina teatral en la propia vereda del inmueble. La obra en cuestión se trataba de “Sin hogar ni lugar”, basada en el libro homónimo de Fred Vargas. Fue complicado, hubo muchos gritos y llanto. Pero bueno, el teatro moviliza este tipo de sentimientos, comentó uno de los actores, amigo de Andrés.

Desde el lanzamiento de su intervención artística en la AFIP, Labarca no da abasto en su trabajo. Su estilo profundo y sensible para tratar los frías normativas fiscales, lo han convertido en uno los personajes más requeridos en la oficina. Esto hace que pase muchas horas fuera de casa y descuide un poco sus asuntos domésticos.
Yo estoy muy contenta por él porque siempre quiso retomar su carrera artística y desde que le tocó entrar a la AFIP, lo veía como un imposible. Hoy puede mezclar su verdadera pasión con su principal fuente de ingreso. Las declaraciones pertenecen a Eugenia, la simpática esposa de Andrés, pero -con el correr de la charla- la joven dejó entrever algún descontento: Se que está muy entusiasmado y que su proyecto le demanda muchas horas, pero cada vez estoy más en segundo plano. Cuando lo conocí, era una persona sensible, cariñosa, compañera…  Ahora casi ni me dirige la palabra, se la pasa encerrado. Es más –que ésto quede entre nosotros- hace dos meses que no tenemos intimidad, lanzó Eugenia en un arrebato de confianza que hizo ruborizar al cronista de Los Tilingos.

El proyecto de intervención artística en la AFIP es un éxito y marcha sobre ruedas. Es un momento propicio para que el bueno de Andrés Labarca pida un cuantioso aumento a sus jefes. Una buena terapia de pareja podría ser un buen destino para ese dinero.

Necesitarán una de éstas...


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